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Quizá occidente sólo es lo que los homo sapiens de europa construyeron para ocultar su miedo a la nada y al vacío. Quizá el temor original a morir es todo lo que impulsa la aventura humana de perpetuarse en la existencia.

Quizá no hay tal cosa como el miedo. No hay tal cosa como la “existencia” el “sentido” y todas esas palabras que determinan el real significado de la existencia. Quizá admitir que estamos acá y ya es demasiado. Quizá es porque desde los tiempos de platón y sumado a la complejidad de la cruzada evangelizadora cristiana, la idea de la trascendencia lo cubrió todo.

Admitir que la vida es un juego, que no tiene fin, sino el jugar mismo. Que no hay nada que dejar, nada que legar, no hay nada que cambiar ni nada que construir. Que cuanto más nos preocupamos por construir algo más daño causamos al equilibrio natural. Y que quizá toda la aventura humana sea tan vana, como la aventura de la existencia en general.

¿De que nos sirven todas las estrellas del cielo si algún día han de morir?. Por más que conquistemos las galaxias, estas han de perecer, antes o después que nosotros.

Hay acaso algo eterno. Pareciera ser que no. que nada, por más longevo que es, jamás podrá ser eterno. Que la vida es un instante. ¿Entonces porque carajo complicar la existencia? Porqué no entender que todo debe ser un goce.

Una profunda conciencia de vivir esta situación en plenitud. Porque la conciencia ha sido cercenada. La conciencia educada por la cultura es esclavitud. Y funciona como cárcel del espíritu. Que es lo humano auténtico esperando manifestarse.

Que no es nada en el fondo. Es pura manifestación. La plenitud de la liberación del espíritu está ahí al alcance de la mano de quién quiera tomarlo. Sólo tiene que ejercerlo. Sólo tiene que tener el suficiente coraje de mirar hacia adentro y ver que allí, tampoco hay nada.

Nada por aquí en la inmanencia pura. Nada por allí en la trascendencia. Ni una puta escencia. Ni una ley, ni naturaleza, ni nada. Ni ideas, ni conceptos, ni juicios a priori. No hay nada. Ni dios ni amo, ni patrón. No hay ni sociedad, ni sociedad perfecta, ni utopía.

No hay un carajo. Hay seres humanos y su autodeterminación. Todo lo demás es verso. Y se va a morir igual que nosotros, si todavía no murió.