August 2014

La Carta Favorita de la semana: Cementery Gate

No tengo ni un sólo buen argumento referido a alguna característica propia de Magic para elegir a esta carta. La carta es una más de otras miles que pasaron sin pena ni gloria. El dibujo no es la gran cosa. Pero el nombre. El nombre de la carta es buenísimo.

Melissa Benson, la dibujante de esta carta hizo varios modelos más para Magic. De entre los cuales se destacan un par de “clásicos”. A saber: Shivan Dragon, Lord of Atlantis (amo esta carta) y Nightmare. Por lejos estos 3 trabajos son superiores a la carta que les traigo. De hecho una vez señalada la similitud tanto el SD y el LoA tienen un estilo de dibujo que los conecta claramente. La Nightmare en cambio se distancia de estos dos en estilo, sin embargo es un soberbio dibujo.

Sin embargo mirando bien el dibujo hay algo que me atrae. Por ahí es e tipo que se parece a Nikki Six . O la mirada, que parece decir “si abren la puerta salgo y te la pongo”. Que se yo. Me gusta.

Esta carta de mierda hasta la usé en un mazo. Un mazo negro para el olvido. No le ganaba a nadie. Típico caso de jugador nuevo y muy pete. Venía cualquier boludo y te decía “uh mirá esta carta está re buena” y uno, como era bien pacho se lo creía. Así llegué a meter esta bazofia en el mazo (ni hablar de otros sapos que me morfé). Pero pese a todas las contras tiene algo que la hace especial y es qeu, tan sólo por una letra, casi que comparte el nombre con un temón de Pantera, el archiconocido Cementery Gates. Dato curioso es que el tema de Pantera se editó en el disco Cowboys From Hell que salió en el año 1990. La carta es del 95 así que tranquilamente puede estar inspirada en el tema.

Lo mejor de todo es que cuando fui a jugar un torneo con ese mazo (siempre fui atrevido y pese a tener cartas de mierda iba y jugaba igual) me la hicieron sacar del mazo y perdí un partido porque era de una expansión del año del culo, Homelands. Que en castellano fue traducida como Tierras Natales que es un nombre re pijudo.

Título: Cementery Gates
Artista: Melissa Benson
Color: Negro
Tipo de carta: Criatura- Muro
Expansión Original: Homelands


Cemententery_gates

Samuel Cabanchik Cazador de Demonios

Disclaimer: Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

Capítulo 1

El quinto piso de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires parecía un laberinto. Estaba compuesto por pequeñas aulas/oficinas de escasos metros cuadrados cuyas paredes eran unos tabiques de vidrio y madera con marco de aluminio. Daban la apariencia de peceras. Pero en vez de tener peces, por habitantes(?) tenían seres humanos. Los seres humanos que trabajaban en ellas se sumergían en sus actividades intelectuales, ya sea leer, escribir, corregir algún trabajo, tener alguna clase de consulta. Toda actividad referida al quehacer académico.

Laura, estudiante de la carrera de Filosofía corregía su tesis de licenciatura en la sala del Seminario de Investigación de Filosofía Contemporánea dictado por el titular de cátedra Don Samuel Cabanchik. El tema: Frege, Russell y Wittgenstein. Samuel era un tipo de un metro setenta, no más. Con una prominente pelada. Había sido titular de Filosofía Contemporánea por largos años. Luego, como resultado de una capacidad envidiable para hacer política intra muros y extra muros de la Facultad logró ganar nada más ni nada menos que una banca en el Senado de la Nación.

Senador Samuel Cabanchik.

Luego de su carrera política, en la cual una vez finalizado su mandato no volvió a participar, se retiró a trabajar en los cubículos del 5º piso.

Laura estaba allí para consultarle un problema con su tesis. Estaba trabada hace dos años. Le costaba un esfuerzo terrible tener que ir a la facultad luego de tantos años. Parecía como si una fuerza invisible la alejase de allí para no completar nunca su formación académica. Para combatir esta inercia Laura arrancó una serie de breves encuentros con su titular de tesis para poner en marcha el proyecto y poder, de una vez, terminar la carrera. Terminar la carrera y conseguir novio.

Esta era la tercera vez consecutiva que Laura iba a las reuniones con Samuel. Le costaba un poco la charla con el profesor. Laura era tímida. No tenía facilidad para relacionarse con desconocidos, sencillamente le salía mal. Nunca sabía qué decir y qué no. Sin embargo, el profesor Cabanchik le ponía la cosa fácil. Laura sabía que, con decir sólo algunas palabras Samuel comenzaría un monólogo de largos minutos. Así, para cuando quería acordarse, el tiempo de la consulta terminaba.

Ese día, luego del obligatorio monólogo, Laura saludó al profesor y salió de la oficina. Miró su reloj 10.55. Había escuchado las historias de violaciones en el 5º piso. Desde un principio le habían parecido absurdas. Creía que eran chimentos. Sin embargo, le daba un poco de cagazo caminar por esos pasillos laberínticos. No le había pasado nada durante los tres martes anteriores. Nunca le pasó nada raro mientras cursaba regularmente, más que el encuentro con algunos de los deambuladores típicos de la facultad. Gente sin un mango, moradores de aulas abandonadas, jipis varios, personal administrativo, mantenimiento, mozos de Mc Pancho, bolcheviques de toda clase y color. La fauna típica de la noche puanera. Incluso una vez había visto a un tipo que se bajó de un Bora estacionado en la puerta y le llevó falopa a un pibe en el patio. Pero nada más que eso.

Sin embargo, el 5º piso es confuso. Para colmo tiene una sóla entrada y salida. La escalera que lleva al cuarto piso. Lo cual reduce a la mitad la posibilidad de salir de ahí adentro. Para cuando se quizo dar cuenta Laura estaba perdida. Donde debería estar la escalera había una puerta de un aula cerrada. Se sintió una boluda. Retrocedió sobre sus pasos. No sabía dónde estaba. De casualidad volvió al aula del grupo de investigación. Cabanchik no estaba. La luz apagada. Desde allí sí sabía salir del 5º piso. Caminó el camino de memoria. Vió la escalera. Recuperó la tranquilidad.

Laura puso el pié en el primer escalón. Sintió una sombra que pasó detrás de ella, a unos metros. Se dio vuelta un poco agitada. No vió nada. Pensó que era alguien de mantenimiento. Siguió caminando por la escalera. Escalón tras escalón. Llegó al cuarto piso. Otro laberinto similar al del quinto. Lo conocía a la perfección y avanzó con paso firme por uno de los pasillos. A su lado los vidrios de las aulas con carteles pegados. Laura se detuvo delante de un cartel que anunciaba un congreso de mujeres. Sintió un leve graznido. El corazón se le subió a la boca. Apuró el paso. El pasillo parecía estirarse con cada paso, y las sombras cernirse encima de ella. Estaba asustada, aunque su mente intentaba convencerla de lo contrario.

Tercer piso. Ahora sí, de nuevo en los pisos de siempre de la facultad. No había nadie en las aulas. Le pareció raro. Todavía debía haber algún curso. Miró su reloj. 11.05. Habían pasado 10 minutos desde que se despidió del profesor. No lo podía creer. “¿Cuanto tiempo estuve perdida?” pensó. Apuró el paso y llegó a la escalera central. Escuchó pasos detrás de ella. Se dió vuelta. Gritó

– ¡Hola!-

Silencio.

-¿Hay alguien?-

Limpio y claro, escuchó de nuevo el graznido. Presa del pánico, huyó por las escaleras. No miraba para atrás. Uno a uno los escalones iban pasando debajo de sus pies. Pensó en las historias de violaciones. Apuró el paso. 2º Piso. Ahora las pisadas parecían estar a pocos metros detrás de ella.

Sintió un escalofrío en toda su espina dorsal. Su espalda se curvó. Casi pierde el equilibrio. Enganchó la escalera hacia el primer piso a toda la velocidad. Un escalón dos escalones. Tres escalones a la vez. Llegó al primer piso. No escuchó nada. Juntó toda la fuerza de voluntad que tenía y miró para atrás. Nada.

Por un segundo pensó que era una idiota por sugestionarse de esta forma. Encaró la escalera hasta la planta baja tranquila. Se rió en voz baja. No lo podía creer. Miró hacia arriba y vió el techo alto de la escalera central de Puán que tantas veces había caminado para ir a cursar. Pisó la planta baja.
Entonces, algo impactó en su costado y la tiró al piso. Cuando levantó la vista vio una sombra que la acechaba y gruñía. Parecía un perro. Caía una baba densa y verde de su boca. Los ojos estaban inyectados en sangre, rojos. Laura se paró. Intentó moverse pero el cuerpo no le respondía. La bestia se puso de pie y se acercó lentamente a Laura esbozando algo como una sonrisa. Un haz de luz del patio iluminó la dentadura de la bestia, coronada por colmillos, amarillos y marrones. Laura escuchó el mismo sonido que antes cuando la bestia avanzó. Tenía pezuñas. Logró mover las piernas y corrió hacia la puerta. La bestia aceleró corriendo hacia ella. Laura escuchó las pezuñas claramente golpear el piso y de nuevo un impacto la tumbó y cayó de boca contra el suelo. Se rompió el labio. El aliento pútrido de la bestia le dió ganas de vomitar. Las garras del monstruoso ser la dieron vuelta y le rompieron la ropa. Sintió los dientes del animal en su cuello. Pensó que era el final.

De pronto la bestia lanzó una desgarrador aullido. Laura se sintió en el mismísimo infierno. La bestia se paró. Detrás de él había un hombre de boina y saco blandiendo una espada. El monstruo avanzó hacia el hombre. El hombre blandió la espada y con un sutil movimiento atravesó el pecho de la bestia. El monstruo vomitó un chorro de sangre. El hombre pateó a la bestia y la espada salió del cuerpo. La bestia moribunda retornó a su posición cuadrúpeda y quedó a la merced de su verdugo. La luz de la luna que se filtraba por la puerta le iluminó la cara al hombre. Era Samuel Cabanchik. Samuel levantó la espada y con un movimiento firme decapitó al monstruo. Limpió la hoja teñida de sangre con un pañuelo y le tendió la mano a Laura.

Laura se puso de pié. No entendía nada. Samuel se agachó sobre el cuerpo del difunto ser y en la altura del cuello encontró una cicatriz con un pentagrama. Desde el piso miró a Laura.

– Lo mandaron para matarme a mí, te siguió a vos porque saliste después que yo del 5º piso-.

Laura estaba muda.

– ¿Querés un café?-.

– Bueno.

Capítulo 2

Laura miró por la ventanilla del 110. Las gotas deformaban todo lo que veía. El zumbido del motor del colectivo era el único sonido que rompía el silencio. Tenía la cabeza apoyada en Nicolás. Pese al frío, el cachete le transpiraba por el contacto con el cuero. No dijeron nada en todo el viaje. En lo único que podía pensar era en el monstruo. Bajaron del colectivo en las heras. Laura abrió el paraguas y Nicolás, más alto que ella, lo agarró y lo puso arriba de sus cabezas. Las gotas no los tocaban. Laura le sonrió a Nicolás. Entre la barba tupida vió una leve sonrisa. Laura metió la nariz en el ramo de jazmines que tenía en la mano. Se acordó de su papá. De las navidades, llenas de jazmines.

Caminaban despacio con el viento en contra. Laura pensó que no era el día indicado para estar de pollera. Pero no le importaba. Lo hacían de esta manera todos los años. El cielo gris. El frío invernal. La humedad pegada a los huesos. Eran acompañantes habituales de esas fechas.

Llegaron a la reja del cementerio. Enorme, de hierro negro forjado.

Nicolás caminaba con pasos lentos pero largos. Laura, compensaba con pasos cortos y veloces. Caminaron por entre medio de las bóbedas de las familias de alcurnia. Doblaron en un callejón y siguieron su paso firme. Laura sintió pasar una sombra por detrás suyo y se le heló la sangre. Su cara se puso blanca como la luna. Nicolás la miró. Luego giró hacia atrás y vió una vieja vestida de negro caminando detrás de ellos. Le dió una palmada en la espalda a Laura. Sintió que bajo la palma de su mano, los músculos de la espalda de Laura, se relajaban.

Ahí terminaban las bóbedas y empezaban las tumbas. Pararon delante de una cruz de piedra. Limpia, sin decoraciones. Clavada en la tierra. Por lo menos crece pasto, pensó Nicolás. La cruz tenía una inscripción. Jorge Quiroga 1954-1995. Laura dejó el ramo sobre la tumba. Nicolás se sacó la capucha. Miró fijo la tumba, ninguno dijo nada. Laura soltó unas lágrimas. Su hermano la abrazó. Intentó contener el llanto. No pudo.

Dejó todo lo que le quedaba ahí.

Samuel se bajó rápido de su Studebacker Lark modelo 60. Automóvil que había heredado de su padre. El frío le golpeó la cara. Agarró su saco, su boina, se los puso y cerró la puerta del auto. El mango de la espada brillaba en el asiento trasero. Caminó por el estacionamiento y salió a la calle. Las nubes cubrían todo el cielo y una lluvia fina golpeaba todo. Atravesó rápido los jardines que separaban al edificio de la calle. Entró al edificio de la biblioteca nacional y se subió al primer ascensor que encontró.

Horacio Gonzalez estaba dándo una charla sobre la influencia de las élites letradas en la política argentina desde la década del 80 del siglo XIX hasta mitad del siglo XX. El auditorio estaba repleto. Samuel entró y se quedó parado junto a la puerta. Horacio levantó la vista de los papeles que leía miró por encima al auditorio y reconoció a Samuel parado junto a la puerta.

A los pocos minutos una señora se levantó de la última silla de la fila de la derecha y dejó la habitación. Samuel se sentó en esa silla. Al lado suyo un hombre mayor luchaba para no quedarse dormido. A los pocos minutos concluyó la charla y el auditorio aplaudió de pié a Horacio Gonzalez.

Varias señoras entradas en años se acercaron al director de la biblioteca nacional le sacaron algunas palabras triviales. Luego, las señoras, volverían a sus casas e intentarían contarle al primero que se cruce por delante que habían charlado, ni más ni menos que con el director de la biblioteca nacional. Horacio hablaba con todas ellas como si fuese un párroco luego de la misa del domingo.

Samuel se levantó de su silla y avanzó hasta el tumulto de señoras paquetas. Horacio se disculpó con el séquito y estrechó la mano de Samuel.

– Supongo que no estás acá para pedirme el certificado del curso -. Dijo en tono seco Horacio.

– Suponés bien ¿podemos pasar a tu oficina?

– Samuel yo preferiría que no…-

– No estaría acá si no fuera necesario, Horacio-. Insistió Cabanchik sin perder la amabilidad en el tono.

El director de la biblioteca titubeó un poco. Luego propuso a su invitado a pasar a su oficina. Samuel entró a la oficina del director. Estaba llena de papeles y libros. Tenía una vista preciosa a la Avenida Libertador.

– Hagámosla corta Samuel ¿que necesitás?

– El martes pasado un demonio atacó en Puán.

Horacio abrió los ojos, sorprendido. No daba crédito a lo que escuchaba. La seriedad de la cara de Samuel borró cualquier rastro de duda.

– ¿Lastimaron algún chico?-

– Agarró a una piba, pero llegué justo a tiempo-.

El silencio invadió la sala.

– ¿Y la piba te vió?-

– Si claro que me vió, corrije la tesis conmigo, me conoce -.

Horacio buscó algo entre sus libros. Primero revisó los que tenía a mano sobre el escritorio. Los pelos se le venían encima de la cara y lo jodían. Se los tiraba para atrás con las manos, nervioso. Los quería meter atrás de las orejas, pero no podía. Tenían el largo justo que rompe las pelotas. Revisó los estantes. Encontró una ficha. Puso cara de contento.

– Vení seguime-.

Los dos catedráticos salieron de la oficina y caminaron hacia los ascensores. Bajaron hasta el quinto subsuelo. Bajaron del ascensor y caminaron por un pasillo angosto, bajito. Los saludo un policía federal que estaba de guardia, casi dormido en un escritorio. Llegaron a una puerta de madera, pesada. Horacio sacó el llavero y abrió la puerta. Prendió la luz. Una lámpara de tímidos 60 watts se encendió e iluminó el lugar. Era amplio. Obscuro y lleno de bibliotecas modulares de chapa. Un montón de libros y polvo dormían en los estantes. Horacio miró la ficha que tenía en la mano y caminó con pasos firmes hasta un estante en el fondo de la fila de bibliotecas. Samuel lo siguió. Horacio agarró un libro de tapa roja y se lo dió. Samuel apenas lo miró.

– Adentro tiene lo que necesitás, un conjuro para sellar la facultad-. dijo Horacio.

Samuel sonrió.

– Te pido una sóla cosa Samuel, no involucres a la piba. No quiero que termine como Adriana ¿Me escuchaste?-. Una sombra pareció posarse en la cara del director.

– No voy a discutir con vos Horacio, te doy las gracias por esto, me tengo que ir-.

Samuel se despidó de su amigo. Metió el libro en el portafolios y salió de la biblioteca nacional con paso apurado. Llovía a cántaros. Caminó bajo la lluvia en dirección al estacionamiento. El agua le impedía ver a su alrededor. Apuró el paso. De pronto se quedó parado. Sentía que algo no estaba bien. Dió algunos pasos en dirección al estacionamiento. El ambiente estaba raro. Miró hacia atrás. No vió nada. Enderezó la cabeza.

Entonces recibió un puñetazo directo en la nariz, que lo tumbó al piso. La nariz comensó a sangrar. La sangre le caía por encima de los labios y aterrizaba encima de la camisa. Detrás de la cortina de lluvia vió a un demonio. Este no tenía pelos. Estaba completamente desnudo y sin un sólo pelo. Tenía los párpados cocidos y garras en los dedos. Una baba violeta le caía de la boca. Insinuó un rugido medio ahogado. Avanzó hacia Samuel.

Samuel aún sorprendido, se puso de pié. El monstruo se avalanzó sobre él. Con un movimiento ágil y firme, Samuel lo golpeó en la cara. El engendro se fué al piso y chilló de la rabia. Se incorporó y avalanzó con mucha rapidez sobre Samuel que estaba intentado sacar algo de atrás de su cintura. El impacto lo tiró al piso e hizo rodar a los dos abrazados por la rampa del estacionamiento. Samuel quedó tendido en el piso con el mosntruo encima. Este se había incorporado rápido de la caída y tenía ambas manos en el cuello de Samuel. Golpeado pero entero, Cabanchik sacó la daga que tenía enganchada a la parte de atrás de su cinturón y la clavó en la espalda del mostruo. El mosntruo apenas se movió. Samuel la clavó de nuevo. Y otra vez. La sangre violeta comenzaba a brotar de las heridas y a mancharle la ropa. El monstruo seguía apretando sin piedad el cuello. Samuel se sentía asfixiado y en un último intento incrustó el cuchillo en el brazo izquierdo del monstruo que, ahora si, le soltó el cogote.

En cuanto se pudo incorporar, Samuel corrió hacia su auto. El demonio, mientras, trataba de sacarse el cuchillo del brazo. Al lado de la puerta del auto, Samuel sacó las llaves e intentó abrir la puerta. Pifió en la primera. El mostruo avanzó. Intentó por segunda vez encajar las llaves y esta vez si, lo hizo. Abrió la puerta del acompañante y metió la mitad del cuerpo adentro del auto. Sintió una mano que lo agarraba del tobillo. Rozó con sus dedos la espada. Ahora sentía un fuego en su tobillo y dolor, mucho dolor. Logró agarrar la empuñadura. Como pudo se dió media vuelta y vió a la bestia. Sacó su torso del auto, esgrimió su espada contra el demonio. Le amputó un brazo en un sólo movimiento. El repulsivo ser chilló como un cerdo. Samuel se incorporó, agarró con ambas manos la espada y dió un certero golpe al cuello del enemigo. La cabeza del demonio voló por el aire. Cayó unos metros delante. Las palmas de las manos del engendro tenían dos pentagramas hechos con cortes en la piel. Samuel encendió el auto y salió a toda velocidad de allí.

Laura miraba el reloj de su muñeca. Eran las 11.05. Había pasado exactamente una semana desde el ataque. Aún no podía dormir. Había decidido abandonar la tesis a raíz de los acontecimientos. Estaba en pijama, tirada en su cama escuchando un Out of Time de R.E.M.
Nicolás golpeó la puerta del cuarto.

– Tenés visitas-.

Laura se puso la bata y bajó la escalera. Reconoció el saco y la boina. Se quedó quieta en la escalera. Samuel, levantó la cabeza y la miró, fijo, a los ojos.

– ¿Querés tomar un café? Dijo Samuel con una casi imperceptible sonrisa.

– Bueno, esperá que me cambio-. Dijo Laura y volvió a su cuarto.

Capítulo 3

El Studebacker de cabanchik temblaba. Cuando pasaba los 60 kilómetros por hora le pasaba eso al pobre auto. Se sacudía como una licuadora. Luara viajaba blanca del miedo y agarrada lo más fuerte que podía a la puerta. Pensaba que en cualquier momento iba a salir volando. Samuel no lo cambiaba por afecto, porque era más barato andar con eso y porque le tenía un amor incondicional. Había sido su primer auto. Su único auto. Se lo había regalado su abuelo antes de morir. Le había regalado un auto y una esapada.

Su abuelo había llegado a Argentina desde polonia en el año 37. Se había escapado de la guerra. De los nazis. Eso le había dicho a todos los que le preguntaban. Cuando Samuel creció y fué a la secundaria aprendió que Polonia recién había sido invadida por los nazis en el 39. Así que, curioso, fué y le preguntó al abuelo cómo era que los nazis habían estado en polonia dos año antes de invadirla. El abuelo se enojó y jamás le respondió.

Junto con el auto y la espada el día que murió, su abuelo, le dejó una carta. La carta tenía escrita la verdadera razón de su huída de polonia. El abuelo de Samuel a los doce año conoció un viejo gitano mientras acompañaba a su madre al mercado para hacer las compras. El viejo tirado en un rincón, sacó de entre sus harapos una espada y se la regaló. Luego, profirió unas palabras inentendibles y murió. Ahí en frente de él.

A los pocos días su casa su pueblo primero y su casas después se vieron azotados por una horda de demonios. Los engendros del mal asesinaron a gran parte del pueblo. Perocuando ya no había resitencia y todo parecía encaminarse a una masacre el abuelo de Samuel los mató a todos. Uno a uno los decapitó con la espada del viejo gitano. Sin embargo toda su familia, murió en aquella terrible noche. Luego de errar varios años durante su país como mendigo y enfrentándose a los esbirros de satán que se le presentaban en el camino juntó dinero suficiente para comprar un billete de vapor y huyó de la tierra maldita.

Al poco tiempo de la muerte de su abuelo la estrenó. Descubrió así su oculta vocación. Cazar demonios. Desde entonces cuando Samuel Cabanchik no ejercía su rol de docente y respetado académico, yiraba por la ciudad de buenos aires en busca de los esbirros del infierno para cortarles la cabeza y devolverlos al abismo.

Samuel estacionó el auto en doble fila. La garúa todavía caía firme. Bajó del auto y caminó hasta un bar que parecía cerrado. Golpeó la ventana. Se prendió una luz adentro del bar. Atendió un viejo con cara de dormido. al poco tiempo, le pasó a Samuel una bolsa de papel. Samuel volvió al auto. Le dió un café con leche a Laura y le convidó un churro. Laura lo comió, nerviosa. Pero lo comió. Samuel puso en marcha el auto y bajó la ventanilla. Venía a sesenta con la lluvia pegándole en la cara. Las luces de los semáforos se reflejaban en el asfalto.

– ¿Viste que siempre que aparece una calle de noche en una película está mojada?

Laura lo miró extraño. Esperaba hablar del mostruo, alguna explicación, ¡De la tesis! En cambio samuel le hablaba de cine.

– No ¿porqué?-.
– Porque el agua refleja la luz, mirá la calle que linda que está-.

Samuel estacionó el auto en la puerta. Agarró su bolso y bajó. Le indicó a Laura que lo siga. Llegaron a la puerta principal, estaba cerrada. Samuel sacó un manojo de llaves como el de los curas. Debería haber cincuenta llaves. Probó con tres distintas. A la cuarte le pegó y abrió la puerta de la facultad.

Cerró rápido y miró para todos los costados. No había nada más que oscuridad. Salieron al patio. Samuel terminó su café y sacó la espada de adentro de su bolso. La clavó en el medio del cantero, al lado del pino, de las colillas de cigarrillo y las tucas. Sacó de su bolso un rollo de papel. Viejo, muy viejo. Leyó algo en latín. Laura se dió cuenta que la pronunciación de Latín estaba mal. Intentó corregirlo sin parecer ruda. Samuel se rió y le dijo que su pronunciación siempre había sido horrible. Le dió el manuscrito.

Laura lo leyó en voz alta y entendió que era un conjuro. Samuel sacó un cuchillo de plata, que relució con la luz de la luna llena que se filtraba entre las nubes. Se hizo un corte en la mano. Miró a Laura. Ella, temblorosa, extendió la mano. Le hizo un corte pequeño. La sangre brotó rápido, calentando la mano de Laura. El profesor extendió le dió la mano a Laura y la apretó con la suya. La sangre cayó en el cantero. Al lado de la espada clavada.

– Ahora si. Terminemos tu tesis.-

Un tipo bajo caminó por el medio de la iglesia. Estaba vacía, no estaba ni el cura. Solamente una mujer de unos cuarenta años sentada en el segundo banco. El tipo rengueaba con la pierna derecha. Llevaba un bastón. El bastón tenía en el mango calado, el símbolo de la masonería. La mujer miró al tipo y le hizo señas.

El tipo se sentó en la punta del banco con algo de dificultad. De adentro del traje sacó un sobre. Lo puso en el banco lo empujó hasta dónde estaba sentada la mujer. Esta, abrió el sobre y vió un par de fotos. Todas eran del mismo hombre. Un tipo más bien bajo, regordete, pelado. Le resultó simpático.

El chueco le habló. Le dijo que este era su nuevo trabajo. Que en menos de una semana se había cargado a dos “hermanos”. Que lo quería afuera del mapa cuanto antes. Que el pago era el mismo de siempre y que si tenía alguna condición que la diga ahora.

– Ninguna. Tiene cara de simpático el gordito-.

El chueco la miró fijo. La saludó. Se paró con dificultad y rengueando, salió de la iglesia.

Capítulo 4

Laura miraba fijo a Samuel que leía un anillado de hojas A4. Estaban rodeados, otra vez, por los biombos de las aulas del último piso de puán. Samuel la miró fijo.

–Bueno… ahora sí tenemos una tesis de licenciatura –dijo Samuel.

Laura intentó pero no pudo contener las lágrimas. Samuel se acercó y le dió un abrazo que la tranquilizó un poco. Y otro poco la hizo llorar porque se acordó de su papá. Se acordó del cadáver de su viejo el día del velatorio. Blanco y rígido, con olor a muerto. Envuelto en seda blanca. Esa seda de casa de velatorio o de vidriera de panadería.

–Tranquila, ahora te falta arreglar la fecha de la defensa y listo, sos licenciada.

–Gracias Samuel, en serio, gracias.

Salieron de la facultad, llovía, hacía un mes que no paraba de llover. Caminaron por Puán y agarraron Bonifacio. Un tipo de traje caminó detrás de ellos a distancia prudente. Los siguió unos cuantos metros atrás, a paso firme. Samuel y Laura caminaron hasta la parada del colectivo 44.

–Andá Samuel, yo espero acá tranquila.

–No seas tozuda, te espero que no cuesta nada.

–¿Te puedo preguntar algo?

–Claro. Decime.

–¿Que son?

–¿Que son, que?

–¿Los bichos, que son?

–¿Los insectos decís?

–No sami… Los monstruos, los demonios. Los que te atacan.

–Los que nos atacan querrás decir.

–Si, eso.

Laura lo miró fijo. Samuel tenía razón pero Laura no quería ver las cosas de ese modo. Todavía le costaba entender que se estaba metiendo en esto.

–No sé. La verdad que no sé. Pareciera que sólo me buscan a mi y que yo sólo los puedo ver. Lo poco que logré investigar es que parece que vienen de otra dimensión, algo así como una realidad solapada con la nuestra, a la que sólo es posible acceder mediante determinados rituales.

–¿Magia?

–Si magia, ponele. Pero no quiero especificar el estatus ontológico del asunto, porque no me cierra por ningún lado. Eso implicaría aceptar de suyo una forma del mundo con la que no estoy de acuerdo.

–Porque si son demonios, hay infierno, hay cielo…

–Absolutamente. Si son demonios y asumimos el mito de los ángeles caídos entonces hay cielo, hay almas, hay un Dios. Básicamente estaríamos asumiendo una metafísica cristiana, cosa a la cual me niego. Por escéptico y por judío.

Laura de nuevo lo miró sin saber qué más decir sobre el tema.  

En ese preciso instante el tipo que los seguía, caminó hasta ellos. Samuel se percató de la presencia y lo miró fijo. Era de noche. El tipo usaba sombrero, anteojos negros y un impecable traje negro. Samuel agarró la daga que tenía adentro del saco. El hombre se sacó el sombrero y se paró al lado de Laura. Desde la esquina las luces del 44 iluminaron toda la cuadra. Laura estiró el brazo y paró el colectivo.

El interno 19 de la línea 44 paró unos metros adelante, Laura quiso despedir a samuel con un beso. Samuel la detuvo.

–Voy con vos.

–Pero el auto.

–Voy con vos.

Los tres subieron al colectivo. Laura pasó la SUBE y se ubicó en el asiento del fondo. Sin sacar la mano de la empuñadura de la daga, Samuel la siguió. El pelado se quedó adelante hablando con el chofer. Se sentó en el asiento de adelante y se puso a charlar con el colectivero.

–¿Que pasa Sami?

–No me gusta ese tipo ¿lo conocés?

–Que se yo, ni idea.

–¿No viaja con vos a esta hora?

–No sé, no me fijo mucho en la gente del colectivo. Tengo mala memoria.

–No me gusta, para mi es un… Quedate atenta.

–¿Tenés la espada?

–La dejé en el auto.

Samuel corrió la solapa del saco y le mostró la Daga a Laura. Se bajaron del colectivo. Caminaron mojándose por la lluvia. Samuel siguió con la mirada al 44 mientras avanzaba por Cabildo. Paró unas cuadras más adelante. No bajó nadie. Caminaron por Virrey Aguilar(?).

–Es la cuadra que viene, estoy bien, andá tranquilo…

Laura no terminó de pronunciar la frase cuando el pelado apareció unos metros delante de ellos. Se sacó los anteojos,  los ojos parecían prendidos fuego. El pelado corrió a toda velocidad y se abalanzó sobre Samuel. Lo derribó del impacto. Samuel se fue al piso y perdió la daga que salió volando y cayó en la cuneta de la calle. El pelado lo golpeó fuerte en la cara. Samuel quedó tendido por unos instantes. El demonio saltó sobre Laura.

Laura corrió unos metros alejándose del pelado hasta que sintió un fuego le quemaba la cintura. Miró  para abajo y vió los brazos del demonio agarrándola, mientras sentía el impacto. Cayó al piso y se golpeó la pera. El golpe no la noqueó. Apenas unos centímetros delante de ella vió un cascote suelto en la vereda. Lo agarró y sin pensar un instante se dió vuelta y golpeó al pelado en la cabeza. El pelado cayó hacia un lado. Laura se puso de pié y vio la daga en el cordón. Corrió hacia ella.

Samuel seguía tendido en el piso. El pelado se paró como pudo, inclinó la cabeza hacia atrás, los ojos se le pusieron blancos, todo su cuerpo vibró y escupió una bola de fuego que rozó la cabeza de Laura justo en el momento que ella se tiró al piso para agarrar la daga. El pelado quedó unos segundos inmovilizado por una especie de trance. Laura vió la oportunidad,  laura sostuvo firme la daga y la enterró contra pecho del esbirro. El pelado lanzó un alarido su vida se extinguió.

Laura se levantó y corrió hasta donde yacía Samuel. Le dio unas cachetadas y como pudo lo arrastró hasta su casa. Toco varias veces el timbre, golpeó la puerta desesperada hasta que salió Nicolás, su hermano, que la vió ahí, llorando, empapada y con un tipo de 60 años desmayado a sus pies.

Claudia se prendió un cigarrillo. La tuvo difícil porque la lluvia le empapaba el encendedor, el cigarro, la boquilla, todo. Sin embargo pocas cosas podían con su fuerza de voluntad. Muy pocas. La lluvia no era una de ellas.

Ahí mismo un Gnomo abrió la puerta de la cripta. Era pesada y de piedra.  Claudia bajó unos escalones, después otro y otro. Llegó al fondo del asunto. Adelante suyo, en un espacio muy pequeño, sin ventilación ni ventanas encontró un ataúd. Apenas un rayo de luz de la luna entraba por la corroída cúpula de vidrio. El lugar apenas estaba iluminado con una leve luz tenue.

El pequeño gnomo que la acompañaba se escondió detrás suyo.

–No seas cagón, querés –lo increpó la mujer.

El gnomo intentó varias veces abrir el ataúd con una barreta que aún tenía puesta la etiqueta de Easy.  Al cabo de varios intentos y con la mirada de Laura sobre la nuca la abrió como pudo. Adentro había un esqueleto maltrecho. Con los huesos rotos y amarillos por el paso del tiempo. El cráneo exhibía un grosero agujero de bala en la frente.

Laura le pasó una cantimplora al gnomo, y este, vació el contenido viscoso sobre los huesos difunto. Ahí donde había solo polvo se regeneraron los primeros huesos. Se soldaron fracturas, el color amarillo desapareció y en los extremos se formó cartílago. Luego crecieron tendones, que como alambre de cobre fueron juntando los huesos y las coyunturas. Encima del vigoroso esqueleto crecieron los músculos. Vastos, tríceps y mastoideos fueron tejiéndose de la nada. Los órganos volvieron a aparecer en la maraña de carne viva. El corazón latía ahora con fuerza, los pulmones volvía a la vida. Por último, la carne se fue cubriendo de piel. En las cuencas de la cara aparecieron los ojos, en la boca, la lengua. La cabeza se cubrió de pelo y en los dedos crecieron uñas.

Dónde antes había un esqueleto ahora había un morocho de cuarenta años con pinta de compadrito. Se levantó de la tumba, clavó sus ojos en Claudia y el Gnomo.

–¿Quién carajo me levantó? –dijo en una voz que parecía salir del inframundo.

–Hablá bien, estúpido. El chueco te necesita.

Al mencionar el nombre de quién lo invocó, la cara del compadrito volvió a tomar un color mortecino. Claudia le hizo un gesto al gnomo y este le dejó tiró encima una bolsa al resucitado.

–Cambiate, Lázaro, te espero afuera.

Claudia subió la escalera caracol moviendo el culo como si fuese una modelo de 20 años. Salió de la cripta, y tiró la colilla del cigarrillo al piso. La pisó con sus zapatos. El compadrito salió vestido de la tumba, muy pintón.

–Tengo buen ojo –dijo Claudia y sonrió.

La carta favorita de la semana: Fireball

dorma_fireball

El nombre lo dice todo. Una bola de fuego. El hechizo rojo en el cual gastarse todo el maná y el aguinaldo. Editado desde Alpha hasta Quinta sin interrupciones. Una leyenda del Magic.  Luego no volvió a ver la luz hasta M10. Edición en la que fue renovada y pegó un nuevo dibujo de la mano de Dave Dorman. No es un super dibujo pero le hace justicia.

Originalmente usada por Paul Sligh en su arquetípico mono-red, bautizado en su honor, “Sligh“. Luego, también llegó a usarse como una alternativa para los mazos Necro con toques de rojo, para liquidar partidos.

Particularmente yo la usé en un Sligh que tuve (el primero) por el año 2001. Nunca vió la luz en algún torneo ya que daba para Extendido pero dónde yo jugaba sólo se jugaban torneos en Estándar. Pero le tengo aprecio. Servía casi siempre o para limpiar la mesa contra algún mazo winnie o para meter una estocada final cuando ya tenía exceso de maná. Hoy este humilde homenaje(?).

Título: Fireball
Artista: Mark Tedin
Color: Rojo
Tipo de carta: Conjuro
Expansión Original: Alpha

 

Alpha

alpha_fireball

Quinta

fireball_quinta

M11

M11_Fireball

Promo

6

 

 

 

¿Cuando carajo vamos a Marte?

La llegada del Mars Curiosity Rover a Marte puso en relieve una pregunta casi olvidada por la opinión pública o bien relegada a los libros de Cienca Ficción ¿Cuándo pisará el hombre suelo marciano? Desde el 20 de junio de 1969 cuando Neil Armstrong pisó la luna, la pregunta comenzó a sonar. Era el paso lógico en la exploración espacial. Pero la primera palabra de la pregunta constituye el enigma principal ¿Cuándo vamos a pisar Marte?

Los restos más antiguos que tenemos de Homo Sapiens Sapiens tienen 195.000 años. Años más, años menos, son los que tardó la humanidad como especie en poner un tipo en la Luna. Desde esta perspectiva la diferencia entre poner un humano en la Luna y poner un tipo en Marte es minúscula. Pero vista desde la perspectiva de la longitud de una vida humana promedio es mucho tiempo.

marsglobe_viking_960

La llegada del hombre a Marte constituirá un elemento disruptivo en la historia de la humanidad. Pasaríamos de ser una especie que conoció un sólo planeta a una especie “bi-planetaria” si se quiere. Luego si Marte se puede constituir en territorio habitable es otra historia. Otra historia muy distinta. Pero llegar marcaría para siempre el destino de la humanidad toda y abriría un horizonte a la especie completamente nuevo. La posibilidad, remota, pero la posibilidad, de transportar la vida humana a otro planeta.

Vayamos a los hechos. Veamos si podemos responder la pregunta. ¿Cómo y cuándo el hombre pisará Marte?

Indefectiblemente tanto por una cuestión histórica como de perspectiva a futuro, la organización científica que hoy por hoy encabeza la vanguardia de la exploración espacial es la NASA. Para ello voy a retomar algunos trazos de una entrevista que hicimos a Miguel A. San Martín en el 2013 para la Revista Velociraptors. Algunas partes de la nota quedaron afuera del recorte y me parece que pueden servir para encontrar algunas respuestas a nuestra pregunta.

Miguel trabaja en el JPL (jet propulsion lab) que es un laboratorio de la NASA y fue “Chief Engineer” de la misión Curiósity. Si alguien conoce del tema de Marte es Él.

La ciencia y el presupuesto

Antes que nada. Empecemos por el principio. Alguien dijo alguna vez gobernar es manejar el presupuesto. Bueno, gobernar Estados Unidos incluye, como acto de gobierno, explorar al espacio. Por propiedad transitiva, si explorar al espacio es un acto de gobierno entonces también es un tema presupuestario. Viajar al espacio o bien explorarlo cuesta plata. En el caso de EUA no es la plata de los jubilados poque las jubilaciones en general son privadas, pero sí es el dinero de los contribuyentes el que banca todas las expediciones.

Antes que cualquier otra cosa, viajar a Marte es un problema económico. En palabras de Miguel San Martín “una vez que una misión es aprobada, es parte del presupuesto del Congreso. No es que la NASA tiene su propio presupuesto. La misión llega al escritorio de Obama.”

Para ilustrar la realidad presupuestaria de la NASA podemos ver el gráfico siguiente el pico máximo de participación presupuestaria de la NASA fue en el año 66 cuando el programa Apolo estabe en plena marcha y ganarle la carrera por pisar la Luna era una verdadera cuestión de estado. Es decir que una misión de una envergadura similar a la del Apolo, implicaría una erogación de recursos por parte del congreso de EUA a la NASA que hoy no existe. La realidad indica que la NASA recibe el %0,5 del presupuesto. Por lo tanto hoy la NASA, a menos que lo apruebe el congreso, no tiene los recursos necesarios para llevar adelante una misión de este tipo.

NASA-budget-federal

 

Pero paremos la pelota. Para tener la plata primero la NASA tiene que pedirle el dinero al congreso en base a misiones que ya estén planificadas. Eso nos lleva a otra pregunta.¿Cómo decide la NASA que misión llevar adelante?

M. San Martín: “La NASA tiene sus headqarters en Washington. Cada tanto se reúnen científicos de todas las áreas (tenés científicos planetarios, geólogos, astrobiólogos, etc) y les dicen cuáles son los planes científicos para los próximos 10 años. Se llama the Decadal Survey. Entonces se evalúa dónde estamos. Bueno, Marte, situación de Marte. Hemos avanzado hasta este punto. ¿Cuál es el próximo paso? Bueno, el próximo paso, ya descubrimos que hay agua en marte, hay que ir a los orgánicos. Eso es lo que el Curiosity está tratando de hacer. ¿Y cuál va a ser el próximo paso después de eso? El próximo paso va a ser ir a tomar una muestra y traerla a la tierra, por ejemplo. Está unido a diferentes áreas. Tenemos Small Bodies, que es cometas y asteroides. ¿Cuál es el próximo paso en los asteroides y los cometas? Bueno, justamente en el último Decadal Survey dijeron que quieren hacer una misión para tomar una muestra de un cometa y traerla a la Tierra. Ellos no deciden, recomiendan a la NASA que alto entre sus prioridades esté que hagan una misión a un cometa, tomar una muestra y traerla. Eso es muy importante para entender el sistema solar. Entonces la NASA toma todas esas recomendaciones y después hace un programa.”

¿Podemos ir a Marte?

Básicamente la NASA establece sus criterios y misiones según las recomendaciones de los científicos que se reúnen cada una década en Washington. Una vez tomadas las recomendaciones se arman las misiones y los diferentes proyectos en los cuales la agencia se va a quemar la guita de los contribuyentes. Como decíamos antes, entre esas misiones no hay una inminente misión a Marte. San Martín explica el panorama muy bien.

M.S.M: Hay fechas y nosotros no les creemos porque es muy difícil. Ir a Marte es mucho mas difícil que ir a la Luna. No solamente el viaje, sino que llegas a velocidades mucho más altas. Es una cuestión de las leyes de la astrodinámica, llegas a grandes velocidades y cuando aterrizas estas viniendo a 30.000 km/h, y no tenés una atmosfera densa para que te ayude a frenar.

Y cuando aterrizas, después tenés que luchar con la gravedad. La de la Luna es 1/6 de la de la Tierra, en Marte estamos en 1/3. Entonces no necesitas un cohete tan grande como para ir para allá, pero para volver necesitas un cohete bastante grande. Para llevar como 3 astronautas necesitas llevar como 30 toneladas de equipamiento. Y significa que tenés que salir de acá con 100 toneladas. Es decir, es difícil -aunque de vez en cuando escuchas algún loco que dice que lo pueden hacer por mucho menos que la NASA y lo tienen todo resuelto, pero en realidad no. Costaría un dineral, y Estados Unidos no podría hoy en día. Tendría que ser un proyecto mundial.

San-Martin-Miguel

Mientras tanto ya estamos desarrollando las tecnologías, porque hoy en día no sabemos cómo aterrizar ese tonelaje. Todo lo que desarrollamos ahora para aterrizar el Curiosity se nos queda corto. No podemos usar un paracaídas mucho más grande que ese. Estamos buscando unas cosas que se inflan cuando entras. Cuanto más alto para inflarte, mejor, pero es difícil hacer un paracaídas que tenga el tamaño de una cancha de futbol. Son inflables, se inflan con como si fuera un tubo. Y después es el trapo, esa tela del tamaño de una cancha de futbol que tiene que sobrevivir la temperatura del frenado.

También estamos desarrollando la tecnología para mantener a una persona viva durante todo ese viaje. En la Estación Espacial se están haciendo las investigaciones de como prolongar la exposición al ambiente espacial. Estamos desarrollando toda esa tecnología de a poquito y algún día vamos a decir “tenemos todos los elementos, estamos listos para dar el gran paso”, y aun así va a requerir que el pueblo americano quiera gastar esa plata en este tipo de cosas. Serian billones y billones de dólares. Así que no hay hoy en día un plan que diga “vamos a hacer esto, esto y esto, y ahí es cuando vamos a aterrizar astronautas.

Y están construyendo una nave espacial, Orion, y un cohete que se llama SLS, Space Launch System, que va a ser un Saturno 5, pero sin destino.

Crónicas Marcianas

Hay fechas, dice Miguel. ¿Si pero cuales? En la página oficial de la NASA Human path to Mars hay una indicación. La década de ’30. Del 2030. Es un toque de tiempo. Mucho tiempo desde la perspectiva de una vida humana. Pero si todo sale bien dentro de 20 años por ahí estemos viendo junto a nuestros hijos a un Yanqui pisar Marte. Guau. Así Crónicas Marcianas se convertiría en “De la tierra a la luna” de nuestra época. Y nosotros seríamos los primeros humanos en ver a nuestra especie pisar un segundo planeta. Por ahí para semejante acontecimiento será como dice el tango: 20 años no es nada.

En este mismo sentido y confirmando todo lo que nos contó San Martín hace un tiempo, la semana pasada aprovechando el aniversario 45 de la expedición del apolo 11 salió un artículo bajo el nombre The next Giant Leap (el siguiente gran salto) en el cual figuran todas las minisiones de los próximos 10 años. Queda claro según el artículo que el objetivo a largo plazo es Marte. Pero para llegar a pisar la superficie del planeta rojo, antes hay varios pasos. Charles F. Bonder Jr. Administrador de la NASA afirma lo siguiente:

marsextensibility-ready-4sls

Our long-term goal is to send humans to Mars. Over the next two decades, we will develop and demonstrate the technologies and capabilities needed to send humans to explore the red planet and safely return them to Earth”.

De eso se tratarán estos 30 años. Desarrollar la tecnología y las capacidades para llevar y no menos importante traer de vuelta a los astronautas en su misión al planeta rojo. Por eso, para todos a los que este acontecimiento nos haga estrujar el corazón de emoción, podemos despuntar el vicio siguiendo la evolución de las naves ORION y SLS entre otras misiones.

Para los que lean inglés las páginas de la NASA abundan en información. Para los que no, les recomiendo seguir el blog, en el cual estaré subiendo información (traduciendo la página de la NASA cof-cof) sobre estas interesantes misiones.

Pero para dar un breve adelanto de cada cosa podemos mencionar algunos aspectos de ambas misiones.

ORION

orion_bta_on_ship_2

Lleva el nombre de una constelación conocida por todos y del arquero de boca. Orión es un vehículo de exploración espacial. Si alguna vez vieron un cohete es esa última parte que se despega del resto. Proveerá de sustento a los equipos de atronautas durante el viaje y servirá para reingresar a la atmósfera terrestre. Este año se hará el primer vuelo nombrado “Exploration Flight Test-1” para testear los sistema de lanzamiento y re-ingreso a alta velocidad tales como aviónica, control de altitud, paracaídas y escudo contra el calor. Se lanzará desde un Delta IV desde Cabo Cañaveral. La Exploration Mission-1 programada para 2017 será la primera misión en la cual ORION viajará acomplada al SLS. Esta será la primera misión de unas cuantas en la cual el equipo que alguna vez ponga a los humanos en Marte trabajará junto por primera vez.

SLS

El acrónimo responde al nombre Space Launch System. Es un cohete de lanzamiento de carga pesada. La NASA lo designa como el elegido para llevar a las misiones más allá de la órbita baja de la tierra. El SLS será el cohete más potente de la historia. Es el primer vehículo de clase de exploración desde el Saturno V y su obvio sucesor. Su superior capacidad de carga marca un quiebre en la historia aeroespacial. Será el compañero ideal para el vehículo ORION.

infographic3-revised2