[DISCLAIMER: Este artículo se publicó originalmente en Velociraptors Vol.5]

¿Alguna vez la humanidad estuvo cerca de un holocausto termonuclear o esa posibilidad simplemente perteneció al reino de la ficción? Herr direktor analiza la Guerra Fría explicando las doctrinas que la sustentaron y contabilizando los ítems del arsenal apocalíptico que nos tuvo con el culo contra la pared.

“Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón. El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra.”

Apocalipsis 16:17 -18

Terminator y yo

Primera escena: la ciudad de Los Ángeles en un día cualquiera. Luego, una fuerte luz  que abarca todo. Funde a blanco. Cuando aparece de nuevo la imagen vemos la misma ciudad arrasada por la destrucción total. Pilas de esqueletos humanos por todos lados, autos quemados, edificios destruidos, autopistas derrumbadas.

De repente, un pie metálico aplasta un cráneo humano que yace sobre un pila de huesos incinerados. La cámara panea hacia arriba y aparece él, el esqueleto metálico con pupilas rojas y un arma de rayos láser que dispara para todos lados. Mira a cámara. La voz en off de Sarah Connor dice:

“Tres mil millones de vidas humanas se apagaron el 29 de agosto de 1997. Los sobrevivientes del fuego nuclear llamaron a la guerra El Día del Juicio Final. Sólo vivieron para hacer frente a otra pesadilla… la guerra contra las máquinas.”

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Luego siguen las imágenes del combate entre hombres y robots en ese mundo post-apocalíptico, un seguimiento a John Connor adulto como jefe de la resistencia humana y los títulos. Los títulos en llamas y quizá la mejor imagen de toda la película: unos juegos de una plaza en llamas mientras todo alrededor arde por el fuego nuclear. FUEGO NUCLEAR. El resto de la película ya la conocen y si no, mueranse. No, no se mueran. Dejen esta revista de mierda y vayan a verla ya mismo.

Tomé conciencia de que el mundo podía destruirse completamente a los cinco años. O a los seis. El responsable, Terminator II: El día del juicio final. Mi viejo, a quien ya mencioné en alguna ocasión anterior, es un partidario incondicional de las películas TPP que, como oportunamente señaló mi amigo Tomás Russo, pertenecen a un género de películas con tres rasgos distintivos: Tiros, Patadas y Piñas.

Alguna vez alguien va a tener que estudiar por qué los varones adultos mayores de 30 años ejerciendo la paternidad en plenas funciones son tan atraídos por este género. Esta hipótesis no está basada meramente en observar a mi viejo. Es un tema que vengo siguiendo hace rato y consulté a varios amigos que me confirmaron la sospecha. Puede variar un poco el héroe favorito, pero al menos en mi grupo de amigos no hay un sólo padre que no sea un fiel consumidor de películas de Jean-Claude Van Damme, Sylvester Stallone, Chuck Norris, Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Steven Seagal o Mel Gibson. Incluso uno puede detectar hasta ciertas tendencias preferenciales dentro de esta tríada. Por ejemplo, uno al que le gusta Chuck Norris y Van Damme, claramente es un padre con más atracción por el eje Piña-Patada que por los tiros. En cambio uno que se inclina por Arnold y Bruce Willis sería más del eje Tiro-Piñas.

Como sea, mi viejo me hizo ver Terminator II a los cinco años. La película se estrenó en el 91 y un año después llegó al videoclub del barrio. En ese entonces, las cintas tardaban un año en pasar del rollo de 35mm a un VHS. Suena prehistórico pero no fue hace tanto. Bueno sí, fue hace 22 años. Pero no quiero ponerme a pensar en eso porque me siento viejo.

Ahora bien, mi madre estaba en contra de que sus hijos pequeños fueran expuestos a la violencia de las películas de acción. Un sábado del año 92, aprovechando que mi madre no estaba en casa y con la orden explícita de mi viejo de “no le digan a mamá que vieron esta película”, nos sentamos a ver el film ya citado.

En detrimento del temor de mi madre, no fueron las grotescas escenas de violencia las que me impactaron. No fue Arnold cortándose la piel del brazo y arrancándosela para mostrar su esqueleto metálico al incrédulo matrimonio Dyson. Tampoco fue el brazo del T-1000 (travestido en madre sustituta) transformado en arma punzocortante para empalar la cabeza del padre adoptivo de John Connor. No, señor. Ni las escenas de tiros, piñas, explosiones, mutilaciones ni cosas por el estilo. Fueron los primeros tres minutos de película y los títulos lo que más cagazo me dieron. Cagazo, vértigo, algo de eso. Miedo o ganas de que realmente sucediera.

Ni bien terminó la película de James Cameron, me invadió una angustia existencial que pocas veces volví a sentir (sólo experimenté algo parecido muchos años después, cuando ví el capítulo de Pokémon en el que Ash pierde la Pokeliga. Una congoja terrible peor que perder la final del mundo). Terminator me dejó con una idea fija: apocalipsis nuclear. Durante muchos años pensé que dicho destino era inexorable. Incluso, cómo sería posible mi vida en un mundo destruído por un holocausto nuclear. Pero pasó el tiempo, me salieron pelos en las bolas y del apocalipsis ni noticia ¿Estuvimos alguna vez cerca de un evento de estas características o simplemente perteneció al reino de la ficción?

Camino al Armagedón

El 16 de julio de 1945 a las 05:29:21 (+/- 2 seg.), en el marco del famosísimo Proyecto Manhattan, nació Trinity. Por primera vez en la historia, un artefacto nuclear explotaba sobre la superficie terrestre. Liberó una cantidad  de energía cercana a los 20 kilotones y causó una explosión similar a 20.000 toneladas de TNT. Hasta entonces, el récord unitario de poder destructivo lo tenía la bomba británica Grand Slam [¡qué buenos nombres ponen los británicos!] compuesta de 10 toneladas de TNT. El cambio de escala destructiva cambiaba por completo la estrategia de la guerra a nivel mundial y daba comienzo a la era de la destrucción masiva.

Sin embargo, la existencia de las bombas nucleares no sería de público conocimiento hasta el seis de agosto de 1945, cuando a las 8:15 am el bombardero americano Enola Gay soltó a Little Boy en la ciudad de Hiroshima. 140.000 personas fueron consumidas por el fuego nuclear. Tres días después, el nueve de agosto, el bombardero B-29 Bockscar lanzó a Fat Man, un artefacto de similares características que Trinity, sobre la ciudad de Nagasaki. 80.000 personas ardieron víctimas de la radiación. El 15 de agosto de ese mismo año, Japón se rindió incondicionalmente frente a los Aliados. De esta forma, Estados Unidos clausuró la Segunda Guerra Mundial y le avisó a sus amigos y enemigos que nacía un nuevo orden mundial que lo tenía como actor principal.

Si bien podemos afirmar tranquilamente que la Guerra Fría comenzó el mismo día que terminó la Segunda Guerra Mundial, la posibilidad de una teórica destrucción de escala global no apareció hasta cuatro años después. El 29 de agosto de 1949, cerca de las siete de la mañana en Semipalatinsk, Kazajistán, la Unión Soviética detonó el RDS-1 o Primer relámpago, nombres en clave de su primera bomba atómica que liberó 22 kilotones de potencia sobre la superficie terrestre. Consumado este hecho, la Guerra Fría entraba en una nueva fase. La competencia soviética volvía a redefinir las relaciones de poder entre ambas naciones y las ponía, de nuevo, en un cierto equilibrio.

En 1952 EUA y en 1953 la URSS, desarrollaron una nueva generación de arma atómica, la bomba termonuclear. Su poder destructivo superaba ampliamente el de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, llegando a producir detonaciones en el orden de los megatones. Desde entonces la mayoría de las ojivas nucleares -también conocidas como bombas estratégicas- serían de esta clase.

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La RDS-220 o bomba Tzar, detonada por la URSS en una prueba el 30 de octubre de 1961 en el archipiélago ruso de Nueva Zembla es el artefacto con mayor potencia jamás detonado por el hombre. Alcanzó los 50 megatones, lo que equivale a 57 millones de toneladas de TNT. Para darnos una idea de su poder destructor, esta bomba podría eliminar por completo la ciudad de Buenos Aires y La Plata con una sola detonación.

 

Origen Año Nombre Potencia
Gran Bretaña 1943 Grand Slam 10 tn
EE UU 1945 Trinity 20 Ktn
URSS 1949 Primer relámpago 22 Ktn
URSS 1961 Tzar 50 Mtn

MAD (Mutual Assured Destruction)

El 12 de enero del año 1954 John Foster Dulles, Secretario de Defensa del Presidente Dwight D. Eisenhower, expuso en un discurso la doctrina oficial detrás de la estrategia de uso de armas nucleares, que fue conocida bajo el nombre de Massive Retaliation o Represalia Masiva. La doctrina sencillamente consiste en que ante cualquier ataque por parte de fuerzas convencionales soviéticas o pro-soviéticas, tanto a EUA como sus aliados, responderían con un ataque nuclear total.

Esta elaboración funcionaba bajo el supuesto de desalentar un ataque soviético, basado en el temor que tenía EUA a la superioridad de fuerzas convencionales que exhibía el Estado comunista. Sería la primera de una serie de posiciones que adoptaría EUA respecto del uso de armas nucleares a lo largo de la Guerra Fría.

Bien entrada la década del 60 la doctrina de Massive Retaliation fue reemplazada por una nueva forma de comprender la guerra termonuclear desarrollada en uno de los think tank más importantes de la época, la corporación RAND (del inglés Research and Development).

Desde 1945 el arsenal nuclear de EUA estaba bajo el comando de la Fuerza Aérea. La corporación RAND había sido creada como su área de investigación. Y a pesar de marcar el pulso político del momento, no estaba integrada por diplomáticos o militares, sino que la formación de sus miembros tenía un fuerte componente académico-científico. Matemáticos, Físicos, Ingenieros, así como también investigadores del campo de la Lógica y expertos en Ciencia Política componían sus filas.

La doctrina que elaboraron algunos de los investigadores de RAND recibió el nombre de MAD, Mutual Assured Destruction o Destrucción Mutua Asegurada. Se atribuye el origen del acrónimo MAD al científico húngaro-americano Otto von Neumann, quien había participado en el Proyecto Manhattan y en la construcción de la bomba de Hidrógeno como encargado de los cálculos matemáticos de las detonaciones. Sin embargo, quien realizó un trabajo más significativo fue Herman Khan con su libro On Thermonuclear War o Sobre la Guerra Termonuclear, una obra monumental de 1200 páginas en las cuales el autor intenta analizar de la forma más realista posible una hipotética guerra termonuclear, cómo se la podría evitar, cómo se la podría ganar, cuál sería su costo económico, si la destrucción fuese definitiva, etc.

Pese a su intención original más bien analítica, el libro fue interpretado como una prospectiva y un par de sus ideas serían posteriormente utilizadas en toda la guerra y funcionarían como pilares para entender la confrontación entre ambos bandos. En este mismo libro Khan utiliza el famoso -o infame, según cómo se lo mire- argumento de la doomsday machine o máquina del fin del mundo.

Para ilustrar el concepto de destrucción mutua asegurada, básicamente Khan propone pensar en una máquina hipotética que al detectar un ataque nuclear en territorio norteamericano se activara y destruyera el planeta. Dicho artefacto tendría en sí mismo la capacidad de desalentar cualquier ataque, ya que sería la muestra efectiva y cabal de que una guerra termonuclear implicaría un suicidio.

Esta nueva doctrina fue sin duda la responsable de cristalizar el temor popular a un exterminio masivo de la humanidad y la civilización. Si bien el miedo de una extinción o un apocalipsis nuclear existió desde Hiroshima, la aparición de la idea de destrucción mutua asegurada forjó en el sentido común la creencia de que la destrucción del mundo pendía de pulsar -o no-  un/el botón rojo.

La idea de MAD quedaría popularizada tal y como la expresó Robert McNamara, Secretario de Defensa de Kennedy, en un discurso de 1967 en la ciudad de San Francisco que fue para alquilar balcones:

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“El ser humano ya lleva 20 años viviendo en lo que hemos de llamar la Era Atómica. Lo que a veces podemos ver más allá del presente es que cualquier era futura de la humanidad será una Era Atómica, y que si el hombre va a tener algún tipo de futuro, será bajo la sombra de la permanente posibilidad de un holocausto termonuclear. Sobre este hecho no cabe duda alguna. Nuestra libertad en este tema consiste en enfrentar el asunto de manera racional y realista y discutir las acciones que minimicen el peligro.

Debo empezar con definiciones precisas. La piedra fundamental de nuestra política estratégica seguirá siendo desalentar un ataque nuclear sobre Estados Unidos o nuestros aliados. Nosotros hacemos esto manteniendo una altísima y fehaciente habilidad de inflingir un daño inaceptable sobre un solo agresor o cualquier cantidad de agresores durante cualquier momento del curso de un intercambio nuclear estratégico. Incluso, después de absorber un sorpresivo primer golpe. Esto puede ser definido como nuestra capacidad de destrucción asegurada.

Es importante de entender que esa destrucción asegurada es la mismísima esencia de todo el concepto de disuasión. Nosotros debemos poseer una real capacidad de destrucción asegurada, y esa capacidad tiene que ser, también, creíble. El punto es que un potencial agresor debe creer que nuestra capacidad de destrucción asegurada es de hecho real, y que nuestra voluntad de usarla en represalia a un ataque es inquebrantable.

La conclusión entonces, es clara: si los Estados Unidos quieren desalentar un ataque nuclear sobre su propio territorio o el de sus aliados, tiene que poseer una capacidad real y creíble de destrucción asegurada”.

La idea de destrucción mutua asegurada fue una estrategia disuasiva, basada en la idea de que tener un enorme arsenal nuclear que garantice la destrucción de el o los enemigos en CUALQUIER escenario, era suficiente para desalentar un intento de ataque nuclear. Por lo tanto el arsenal tenía que tener las dimensiones necesarias y sobre todo, las armas necesarias.

Para entender cómo funcionaba esta estrategia hay que analizar el concepto de first strike (FS) o primer golpe.  Indica la posibilidad de que alguna potencia nuclear -léase la URSS-, ataque sorpresivamente todas las instalaciones estratégicas de EUA (depósitos de armas nucleares, silos de misiles balísticos intercontinentales y bombarderos)  y/o sus principales ciudades. En caso de un FS sorpresivo, la estrategia MAD apunta a tener capacidad real de retaliación. Léase, aún bajo un FS sorpresivo tener la potencia para atacar TODAS las instalaciones estratégicas del enemigo, todas las ciudades principales y toda la infraestructura. Es decir, poder absorber un FS y aún así hacer concha al enemigo. O sea, tener capacidad de lo que se llama second strike o segundo golpe. Esto es lo que McNamara sintetiza como capacidad de destrucción asegurada.

Por lo tanto, aún si el enemigo tuviese una posición privilegiada en el intercambio termonuclear -es decir, la sorpresa de un primer ataque-, posteriormente vería su posición completamente comprometida. Su país destruído, su fuerza estratégica exterminada y su población diezmada en millones. La idea fundamental del libro de Khan es que si EUA desarrollase la preparación necesaria para actuar en este escenario, no habría poder sobre la Tierra que se atrevería a atacar.

A esta altura, seguramente ya se hayan dado cuenta de que este argumento fue precisamente el satirizado por Stanley Kubrick en su monumental película Dr. Strangelove. Que si bien funciona cagándose de risa de todo el sistema creado alrededor de los arsenales nucleares para su manejo e incluso de la Doomsday Machine de Khan, ilustra muy bien la efectividad del argumento de este en favor del detrimento de la posibilidad de una guerra termonuclear.

Bombas y vectores

Así, para poder darle curso real a la estrategia MAD había que tener en cuenta dos factores cruciales. En primer lugar, la cantidad de ojivas nucleares necesarias para poder constituir una amenaza del tipo que mencionamos arriba. Y en segundo lugar, el problema de llevar esas bombas u ojivas a sus respectivos objetivos. A esto lo llamaremos el problema de los vectores, cómo o en qué transportar una bomba del punto A al punto B.

La estrategia MAD se sustenta en una tríada de vectores, que podemos llamar el tridente apocalíptico. Está conformado por:

– Bombarderos estratégicos

– Misiles Balísticos Intercontinentales (ICBM)

– Submarinos Nucleares

Bombarderos estratégicos

Vayamos por partes. Un bombardero estratégico es un avión. Pero no uno cualquiera. Es un avión de guerra. Es un avión de guerra con capacidad para cargar mucho peso. Es un avión de guerra con capacidad para cargar mucho peso y recorrer distancias enormes ¿Y por qué estratégico? Bueno, porque viene de la distinción entre estratégico y táctico. Un bombardero táctico está diseñado para atacar objetivos en el campo de batalla (lo que también se conoce como un teatro de operaciones acotado). Por ejemplo, bombardear tanques, piezas de artillería o a la infantería enemiga. En cambio, el bombardero estratégico está diseñado para bombardear ciudades, puentes, fábricas, hangares y otros objetivos similares fuera del campo de batalla. La mayoría en territorio enemigo y de importancia vital para sus operaciones.

Son aviones muy complejos de desarrollar y muy caros de mantener. Por eso actualmente sólo cinco países cuentan con este tipo de avión entre sus fuerzas armadas. China, Estados Unidos, Rusia, Gran Bretaña y Francia son los únicos que tienen estos aviones en servicio. Por si no lo notaron también son los únicos cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU. Los únicos que también tienen capacidad de veto.

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Por nombrar algunos de los más conocidos y significativos, podemos poner el Convair B-36 y el Boeing B-52 norteamericanos. El Convair B-36 Peacemeaker fue el rey de los aviones a hélice. Con una envergadura insuperable de 70 metros de ala, 16.000 kilómetros de autonomía y una capacidad de carga de 33 toneladas, llevó el terror a cada espacio aéreo en los que incursionó hasta que salió de servicio. Por su lado, el Boeing B-52 Stratofortress ya es casi una pieza de cultura pop a raíz de sus incontables apariciones en el cine. Posiblemente cada vez que usted vea un bombardero en una película sea un Boeing B-52. Con más de 50 años de servicio es llamado por quienes los operan BUFF, Big Ugly Fly Fucker. Alcanza una velocidad de hasta 1.000 km/h, tiene un radio de combate de 7.200 km y puede cargar 31,5 toneladas de armamento. Del bando ruso podemos nombrar al emblemático Tupolev Tu- 40 que fue el primer bombardero nuclear soviético, usado para lanzar el RDS-1.

Misiles balísticos

Volvamos un segundo a Terminator. La tercera entrega es una película horrible por donde se la mire, realmente una verga. Sin embargo, en la última escena se ve cómo Skynet ya consciente de sí misma y con todos los sistemas de armas de EUA bajo su control lanza un ataque masivo contra Rusia. Es una escena hermosa. Un granero en el medio de un campo típicamente americano. De pronto detrás del granero y sobre la línea de un horizonte vemos despegar un misil. Luego otro, otro más, y otro. Luego vemos una detonación sobre un  campo. Luego una toma desde fuera del planeta Tierra donde vemos a todos los misiles cumpliendo sus trayectorias e impactando en diferentes lugares del planeta. Esta sinfonía de exterminio nuclear justifica tremenda bazofia de película.

Bueno, esos cohetes que vuelan libremente por todo el cielo terrestre son los mencionados misiles balísticos intercontinentales (ICBM, por su sigla en inglés). Son propiamente el invento fundamental de la Guerra Fría y solamente Rusia y Estados Unidos los desarrollaron con la precisión necesaria para utilizarlos como armas de guerra. Se desarrollaron casi estrictamente para cargar ojivas nucleares, que como ya dijimos, son bombas atómicas pero con la capacidad de ser montadas en un misil.

La mayoría de la bombas construidas en la Guerra Fría fueron ojivas nucleares y tienen un antecedente directo en la investigación de Wernher von Braun, científico de origen alemán que diseñó las bombas V-1 y V-2 para la Alemania Nazi. También desarrolló un cohete de la misma familia que el V-2 denominado V9/10 que tenía por objetivo atacar ciudades norteamericanas. Si bien se llegó a probar no se llegó a construir antes de la caída del gobierno Nazi. Luego von Braun emigró a los Estados Unidos y allí dedicó su vida a la construcción de cohetes. Primero para el ejército, donde desarrolló los misiles de mediano alcance -precursores de los ICBM-, y luego fue cooptado por la NASA, donde desarrolló el Saturno V -cohete que llevó al hombre a la Luna-.

Actualmente Estados Unidos, Rusia, China y recientemente India son los países que cuentan con ICBM en su arsenal. En 2008 Israel anunció la entrada en servicio del Jericho III, un misil balístico con capacidad nuclear. Pero dado que Israel jamás hizo oficial su tenencia de armas nucleares el estatus de este misil es confuso. Igualmente tiene un alcance que le permitiría impactar Norte y Sud América, Oceanía, Europa y Asia. Lindo chiche.

Así, la denominación de intercontinental aparece por la distinción del rango de alcance del misil: aquellos que superan los 5.500 km de alcance entran en esta categoría. Actualmente EUA tiene en servicio 200 LGM-30 Minuteman, que ostentan el récord de rango de alcance con 13.000 km. Los produce la Boeing con un costo de 8 millones de dólares, pueden alcanzar una velocidad de Match 24 y cargan hasta 3 ojivas de entre 300 y 500 kilotones. Mención de honor para el LGM-118A Peacekeeper, uno de los primeros ICMB norteamericanos, por el nombre increíble y por ser de los que más se fabricaron en su época. Sí, chicos. Bienvenidos al mundo real: la Boeing no hizo su fortuna vendiendo aviones para vuelos comerciales.

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Por su parte, Rusia cuenta entre otros con el RS-24, que viaja Match 20, tiene capacidad para 3-4 cabezas nucleares de 100-300 kilotones, y un alcance máximo de 12.000 km. También tiene operacionales entre 50 y 100 R-36M, cuya denominación en Occidente es SS-Satán, introducidos a las fuerzas ex-soviéticas en 1974 y que pueden cargar una cabeza termonuclear de 18-25 Megatones o 10 de 0,75-1 Megatones

Submarinos nucleares con misiles balísticos

El tercer vector del tridente de la muerte son los submarinos nucleares, que no hay que confundir las armas nucleares con la propulsión nuclear. Los submarinos nucleares se distinguen de los submarinos convencionales por el tipo de propulsión. Mientras que uno convencional quema diesel para moverse, un submarino nuclear utiliza un pequeño reactor para impulsarse y mantener sus sistemas funcionando. Esta ventaja le otorga una autonomía casi infinita, que sólo se acota por la cantidad de provisiones alimenticias para la tripulación. Esta capacidad de evitar la superficie por tiempos prolongados es lo que los vuelve potencialmente letales.

Además de estar propulsados por energía nuclear, los submarinos nucleares portan misiles balísticos con cabezas nucleares. Silenciosos y letales como los pedos sin ruido. Para mencionar un ejemplo, los rusos desarrollaron en la Guerra Fría el proyecto 941 Akula (tiburón en ruso), denominación OTAN Typhoon. Es el submarino más grande jamás construído, con 175 metros de largo, DOS reactores nucleares y capacidad para 20 misiles balísiticos R-39, cada uno con un alcance de 8.400 kilómetros.

En la actualidad los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad cuentan con submarinos de este tipo, más la República de la India, que tiene una hermosa tradición de nomenclar su armamento nuclear con nombres religiosos. Por ejemplo, la primera detonación atómica del país llevó el nombre de Smiling Buddah y el primer submarino nuclear que tuvo que recibió de Rusia se llamó Chakra. Jodones los pibes (?)

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Constituidos los tres picos del tridente, la estrategia MAD cobra sentido. Cualquiera sea el escenario, la conjunción de bombarderos, ICBM y submarinos nucleares, garantiza la capacidad de absorber un first strike y aún tener la suficiente capacidad de recursos para lanzar un ataque devastador sobre el enemigo, o sea, un second strike. Ningún ataque podría destruir de un solo golpe todas las fuerzas del tridente.

Contabilizando el arsenal

Según un informe del Natural Resources Defence Council para el año 1967 EUA alcanzó su pico máximo de cantidad de ojivas nucleares con 32.500. Desde entonces comenzó una baja en su arsenal que producto de diferentes tratados firmados con la ex-URSS como el SALT I, el SALT II y los START I y II, llegó a los niveles actuales donde tiene 2.468 operacionales, 2.600 en reserva y entre 3.500 y 4.5000 fuera de servicio y esperando a ser desmanteladas.

Por su parte, Rusia llegó a un pico máximo de 45.000 cabezas en 1986. Desde entonces inició un baja muy pronunciada. No hace falta mencionar que la caída del muro fue un hecho clave para esto, así como la firma de los tratados con EUA. Todavía tiene 2.430 ojivas en servicio y 2.000 no-estratégicas para usos potenciales en bombardeos o sistemas de defensa. Por último, tiene 5.000 esperando ser desmanteladas y fuera de servicio.

Estados Unidos llegó a producir 77.000 armas nucleares entre bombas, ojivas y la mar en coche entre 1945 y 1995. En el mismo período la Unión Soviética alcanzó el número nada despreciable de 55.000.

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EUA produjo más armas nucleares que todos los otros países del mundo juntos. Gastó en 50 años la suma de u$s 4.000.000.000.000 (cuatro billones) de dólares. Lo que representa un tercio del gasto total militar norteamericano desde la Segunda Guerra Mundial.

El diario del lunes

La Guerra Fría terminó. El holocausto nuclear, el Armagedón -o Apocalipsis- nunca sucedió. Pese a haber sido reemplazada por otras doctrinas, la efectividad de la doctrina MAD puede ser medida por sus efectos. Más allá a los picos de tensión de la Guerra Fría, como fue por ejemplo la Crisis de los Misiles Cubanos en 1962, la guerra termonuclear jamás sucedió. La efectividad de la doctrina estratégica de disuasión quedó probada.

Un grupo del departamento de defensa de EUA elaboró en 1995 un informe llamado Esencia de la disuasión después de la Guerra Fría, donde se define la disuasión como algo más que una teoría, una doctrina, un concepto o una estrategia. La define como un proceso activo que va más allá de lo racional, que debe afectar tanto la mente como las emociones de un adversario y que debe evolucionar a medida que los líderes tanto de EUA como de otras naciones cambian.

Así queda claro que, pese a que las armas y estrategias definieron gran parte de la contienda de la Guerra Fría, en última instancia la decisión de entrar o no en una guerra termonuclear depende de los hombres, y mientras exista la capacidad de disuadir a las personas que toman la decisión de hacerlo el futuro de la humanidad es una empresa viable, pese a que todavía vivamos encima de 20.000 cabezas nucleares.

Gracias Herman Khan, John y Sarah Connor te lo agradecen.