Mientras Kurt Cobain se volaba la tapa de los sesos con una escopeta y las canchas de paddle proliferaban a la vera de las derruidas líneas ferroviarias, otro mítico fenómeno comercial cuentapropista asomaba en el horizonte, el parripollo.

Los noventa, de la mano del retiro voluntario, dieron rienda suelta al auge cuentapropista. Fue la era dorada del sueño de abrir un propio comercio y pegarla. Pero esto hizo estragos en la clase media.

Con el correr de la década hubo un auge de comercios ordenados por el torrente de la moda. Canchas de paddle, videoclub, locutorios, remiserías, canchitas de fútbol y parripollos.

Todos los parripollos el parripollo

El truco del parripollo era sencillo. Era como una rotisería pero de asado y pollo. Parrilla, pollo y delivery. Punto. La gran diferencia entre un parripollo y una parrilla tradicional, es que el local era sólo de expendio de cadáveres de animales. No había mesas. Ni mozos. Nada. Todo para llevar.

El pilar del negocio era el delivery.

En poco tiempo se convirtieron en la vedette del comercio cuentapropista y cuanta indemnización se cobraba iba derecho a convertirse en una buena parrilla. Con unos cuantos kilos de carne y tantos otros pollos se podía empezar.

Las características particulares de los locales se definieron a medida que la moda se expandía. La parrilla en la vidriera. Carteles con luces de neón. Un nombre que haga referencia al ramo y los precios a la vista. Todos los parripollos eran iguales. 

El derrumbe

Pero todas las modas pasan. Con la misma velocidad que los parripollos innudaron las calles de los barrios, desaparecieron dejando el lugar a la moda siguiente. No había mercado suficiente para un parripollo por cuadra. Fueron momentos oscuros para los amantes del pollo a la parrilla.

Pero no todos desaparecieron. Algunos acomodaron su escala a la demanda barrial. Sobrevivieron como reliquias del esplendor menemista. Como lugares baratos para darte una panzada de carne dura y recalentada.

Haciendo un breve repaso por el barrio pude al menos identificar cuatro parripollos que siguen vivos.

Top 4 de parripollos en el barrio

Pollote. En la avenida Beiró esquina Nazca. Es el más barato y mugriento. Se come bien pero también te puede caer como una bomba nuclear. Depende del día.

parripollo en avenida beiro
pollote devoto

El Brasero. Este está en Cuenca y Nogoyá. Es un auténtico Parripollo aunque más enfocado en la carne que en el pollo. Se come bien pero es bastante caro. Es como un Parripollo cinco estrellas.

parripollo de la calle cuenca

Las Brasas. Av. Nazca y Santo Tomé. Está hace años, el dueño es medio cara de ojete y no tiene la parrilla a la vidriera. Eso le resta puntos. Como pueden ver la Av. Nazca es un gran eje parripollense.

parripollo en avenida nazca

Por último, mi preferido, pero que para ser justos, no está en Villa del Parque, sino en Villa Mitre. Sobre Avenida Juan B. Justo y Terrero en frente del Jumbo. Es el arquetipo del parripollo. Una parrilla enorme como vidriera, luces de neón y un nombre clase mundial, “El Show del Pollo III”. Es el Blade Runner del pollo asado.

el show del pollo parripollo en paternal

 

Este comentario lo saqué de la página de google maps de “El show del pollo II” y lo dejo acá porque me parece que resume muy bien la relación del parripollo con su público.

Lo mejor de todo es que la parrilla nunca tiene más que un par de pollos lo cual es símbolo de un optimismo que no funcionó. Ves esa parrilla y pensás “pobre tipo hizo un parrilla para doscientos pollos por noche pero sólo vende diez”. Este parripollo es perfecto porque además de vender pollo es un viaje en el tiempo. Cuando ves la parrilla semivacía no sólo ves un parripollo, estás viendo la decadencia de un imperio que ya no es. Estás comiendo pollo con nostalgia. Sublime.

The Lost Parripollo

Como si eso fuera poco no sólo es el mejor parripollo de la zona sino que es la tercera parte de una trilogía. Unas cuadras más adelante por la Av. Juan B. Justo en dirección a Gral. Paz a la altura del cruce con Segurola se encuentra “El Show del Pollo II”. Lo cual te hace pensar que siguiendo por la misma avenida en algún momento debería haber un “Show del Pollo I”. Pero jamás lo encontré. No existe “El Show del Pollo I”. Es un misterio.

No quiero extenderme más con el tema pero me parece que es un buen material para un otro post  “En busca del templo del pollo” o “Los cazadores del Parripollo perdido”.

Como sea. El parripollo no murió. Sigue vivo.

Como Yabrán.