Inmediata, masiva y de consumo rápido. No, no es una milanesa. No es un combo de McDonald’s, ni tampoco es falopa. Es la omnipresente, omnisciente y omnipotente cultura pop. El nuevo ídolo al cual le rendimos culto. De Néstor en Bloque a los Transformers. De La Tablada a Hollywood. Cultura pop. Cultura mainstream global.

Nene Malo arranca 97 millones de reproducciones en Youtube y pega gira en Dubai. Pero no nos olvidemos de Jon Snow. Necesitamos consumir, todo, ahora, ya mismo. De los muñequitos danzarines de Pokémon en el distrito de Akihabara a las trenzas conurbanas con pantalón camuflado de Rocío Quiroz. Lo único prohibido es estar afuera.

El consumo

Así como en la revolución francesa le cortaron la cabeza a la aristocracia y tomaron el poder los burgueses, el pop, por debajo del radar, gestó su propia revolución contra la aristocracia cultural. No se necesita buen gusto, tampoco goce estético. Se necesita conectar con algo.

¿Cuánta gente va al Colón? ¿Cuánta gente por fin de semana revienta Kory Megadisco? El afiche cumbiero que plaga el barrio de Once es la muestra cabal de que la cultura pop se define por su público. Es tan importante un estribillo pegadizo como tener clara la demografía a la que se apunta. Mientras el rock anquilosado y esclerótico sigue siendo cubierto como un fenómeno cultural novedoso, no existe ni un solo medio “cultural” mainstream que cubra la movida cumbiera, salvo desde esa curiosidad muy de clase media blanca, como si estuviesen reescribiendo Una expedición a los indios ranqueles. Eso sí; a no perderse el último recital de la bandita indie del momento que lleva con fuerza a cuarenta personas al C. C. Matienzo.

Pokémon Go

No hay lugar para la aristocracia ni para la demagogia. La medida de consagración es el éxito. La vigencia la determina el público. Ni el galerista, ni el editor. Es el fenómeno blockbuster, el best seller. Si vende funciona, si no vende que pase el que sigue. Stephen King como norte. La cruza perfecta entre calidad y cantidad. El pop es el gran igualador. No importa si sos rico o pobre. El Big Mac vale lo mismo para todos.

Accesible

La cultura pop se fue comiendo a todos sus competidores y hermanitos menores. Me acuerdo la primera vez que vi Star Wars “El imperio Contraataca” lo hice en una emisora pirata: Canal 4 Utopía. Ahí mismo vi Akira. Tenía 10 años, quedé con el cerebro frito para siempre. La cultura pop está cada vez más a mano. Primero la televisión, después el cable, más adelante Internet, luego el DVD y ahora el On Demand. Hoy tu viejo puede ver Necromantic o el último recital de Los Pimpinela en Netflix, al alcance de su pulgar.

Masiva

La cultura pop es cultura mainstream globalizada. No importa si vivís en Wisconsin o en Villa del Parque. En los noventa miraste las Tortugas Ninja y ahora delirás con Adventure Time. Game Of Thrones y Pokémon son parte de un idioma global. La cultura pop es la expresión cultural de la democracia capitalista. El modo de producción está inserto en lo que define a la cosa. Cambian los modos de producción, cambia el objeto producido. El cine de los años treinta nada tiene que ver con el cine actual. De los estudios enormes de la era dorada a los galpones con pantalla verde.

La estética es un accidente de la industria. Todos miramos a la capital transnacional de la cultura pop. La Roma del mundo eléctrico: Estados Unidos. Volver al Futuro hizo más por la hegemonía norteamericana global que la guerra de Vietnam. Todos queremos producir como Estados Unidos, todos queremos tener la cultura que tiene EEUU. Cada país tiene la cultura que puede pagar.

Digerible

No se necesita intermediación intelectual para entenderla ni para consumirla. Es hija de la cultura de la pantalla. Forjó su idioma en el cine y extendió su dominio a cada rincón del planeta con la televisión. Es más fácil entender La Sirenita que la Crítica de la Razón Pura. El pop es, antes que nada, entretenimiento. No requiere esfuerzo alguno. Pero eso no le quita valor, al contrario, se lo otorga. Porque lo que pierde en profundidad lo gana en alcance. Resigna complejidad para llegar a un público más amplio. La simplicidad se convierte en una virtud democrática.

Repetitiva

No todo es alegría en el paraíso pop. El éxito es el amo y gran señor. Luego todos quieren emular y repetir el éxito creyendo que existen fórmulas para ello. ¿La pegamos con Iron Man? Entonces hagamos películas de Thor, Hulk, Capitán América, Iron Fist, Daredevil y tu vieja. ¿La competencia te está cogiendo? Copiale la fórmula: Batman, Superman, Batman VS. Superman, Wonder Woman, Aquaman, La liga de la justicia. Hoy son superhéroes, ayer fueron tortugas ninja, mañana serán pulpos galácticos con laser en el culo. La cultura pop tiende a convertirse en un gran más de lo mismo.

Tendencia

La cultura pop se mueve por la tendencia, la moda. Lo actual es lo único que importa. La moda es esa –falsa– negociación entre público e industria: “Te damos lo que querés y te decimos lo que tenes que querer”. Hoy ver superhéroes es lo más cool del universo hasta que mañana deje de serlo. Tal vez pasado vuelva. ¿Quién sabe? No importa. Lo que importa es el look. Lo que importa es la remera, no saber si Charizard evoluciona en nivel 40. Pululan los especialistas en cultura pop que dicen cualquier banana. Nadie los corrige porque no importa. No importa saber de algo, importa saber lo que dice Wikipedia para no quedar como un boludo si te preguntan. Y nada más. Se vive de la tendencia.

Cíclica

Todo lo que alguna vez estuvo de moda va a volver. Es la ley máxima de la cultura pop. El tiempo y la distancia operan como una suerte de edición sobre la memoria cultural. El paso del tiempo nos permite elegir lo mejor de épocas pasadas y entonces la nostalgia hace lo propio. “Qué buenos estaban los ochenta”, dijeron todos veinte años después de que aquella década hubiese terminado. Lo rescatable de la cultura de décadas pasadas volverá en forma de nuevo mainstream, cuando los jovenzuelos de entonces tomen el lugar de sus predecesores y produzcan cultura. Retro, vintage, old school, son etiquetas para volver a vender cosas que habían entrado en desuso.

Fotocopiar como dispositivo

Producción en serie. La cultura pop es por definición warholiana. Lo original pierde significado. El valor lo adquiere una copia. En el arte, hasta el pop, el valor lo otorgaba la autenticidad. La diferencia entre un cuadro con una firma de Picasso y uno con una firma de Juan Pindonga es de veinte palos verdes. Con la producción en serie, eso murió. En el pop no existen originales. El truco es la reproducción serial de muchos iguales, baratos, accesibles. P-A-R-A-T-O-D-O-S. Para todos los que paguen. La industria creativa pop, global y masiva está marcada por su origen: la reproducción en serie.

El pop no tiene jerarquías

El pop tiene clásicos. Podemos entender a la cultura como una red con miles de nodos. El clásico se define por ser un nodo con mayor peso en la red. Un punto neurálgico que reacomoda el entramado a su alrededor. La cantidad de referencias que obras posteriores hacen de él y la influencia en trabajos futuro son la marca de los clásicos.

Apéndice I: Los nuevos Clásicos de la cultura pop

Tolkien. Asimov. Cordwainer Smith. Gary Gygax. Ron Gilbert. Tim Schaffer. Philip Dick. Joss Whedon. Richard Garfield. Katsuhiro Otomo. Yoshiyuki Sadamoto. Go Nagai. Alan Moore. Stan Lee. Kevin Eastman. Neil Gaiman. Bram Stoker. Mary Shelley. Julio Verne. H.P. Lovecraft y Arthur Conan Doyle.

Apéndice II: Culto.

Eso que es bueno pero no tiene éxito, el pop le reserva un lugar: la obra de culto. Influencia de futuros productores, contraseña para acceder a ciertos círculos. Los hay pasados y recientes. Tiene el potencial de ser el nuevo clásico. Sólo por mencionar algunos recientes que merecen atención: Scott Pilgrim vs. the world, Attack the Block, Hot Fuzz, Superbad, Ready Player One, Angry Videogame Nerd.

Sos lo que producís

Del consumo a la producción, el pop vuelve accesible y democrática a la cultura. Es una constante tensión, como lo es la democracia. La propia dinámica de producción tiende a la monopolización de contenidos. Abre espacios y clausura otros, permite acercar la dimensión mítica y simbólica al público masivo a la vez que impide que acceda toda cultura que no se lleve bien con un esquema comercial sólido. Crea un status quo apto para los negocios.

Hasta que alguna revolución tecnológica patea el tablero. Vimos cómo implosionó la industria de la música de la mano del Mp3 y el iPod. Estamos viendo cómo Netflix le come los talones a la televisión, que está en un momento de oro sobrepasando por mucho al cine. La irrupción de lo digital simplificó procesos de producción y transmisión como nunca antes se vio.

Si lo esencial del arte está en el método de producción y estamos en una era en la que la cultura se produce en pequeños ordenadores portátiles de mano, entonces la cultura va a cambiar. Un smartphone o una notebook reemplazan al estudio de grabación, al set, a la isla de edición. ¿Que es Youtube sino el reflejo de este cambio en los medios de producción y en los hábitos de consumo?

Conclusión

Pero a la vez que simplifica, el dispositivo performa usos. Nos liberamos del intermediario, del editor, del curador, del galerista del museo. Los nuevos amos y señores del juego son los vendedores de dispositivos. Tal vez todo sea un simple pasamanos. No lo sabemos.

No se puede pensar el pop por afuera del capitalismo. Sus reglas nos condicionan y nos determinan de manera no mecánica, y sin embargo es un lugar donde también podemos liberarnos de la esclavitud del consumo si pegamos el salto. De animarnos, podemos dejar sólo de consumir cultura y pasar a producir, crear, por el simple hecho de que somos libres de hacerlo. Es una ironía dialéctica que aquello que nos encierra es también lo que nos puede liberar.

Pues entonces seamos libres, que lo demás, lo demás es sólo pop para divertirse.

Publicado en Revista NAN.