¡Eh gordo, andá al arco! Típica frase que nos dijeron de chicos, sobre todo a los que éramos rellenitos, que se volvió ley en cualquier canchita o plaza del barrio ¿Cuantos partidos jugamos con las ganas de demostrar que podíamos hacer una buena jugada, tirar un caño y por qué no hasta clavar una chilena, pero terminábamos sucumbiendo bajo los tres palos?

¿Cuántos partidos pudimos haber ganado si en vez de mandar al gordo, mandábamos al más osado al arco? Capas el gordo nos salvaba, era un nueve de área nato o un central con más marca que un auto de TC. Cosas que nunca vamos a saber.

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